Una semana de reflexión

Una semana de reflexión

900 600 Martha Pine

La semana santa ha llegado nuevamente. Entre reflexión y compromiso, recordamos no sólo la muerte y resurrección de Cristo, sino también algo más personal: la conciliación personal. Esta conciliación empieza por lo más profundo de nuestra alma, y es que  sanar nuestro corazón empieza por nosotros mismos, porque si no preparamos nuestro ser, ¿cómo recibiremos a Jesús dentro de nosotros?

 

En una vida cotidiana llena de información, contenido y distracciones, debemos tratar de conectarnos con Jesús. Estamos bombardeados 24/7 con contenido, y tenemos poco tiempo para nosotros, pero la espiritualidad es algo que no se debe perder. Cuando de Dios se trata, los momentos son atemporales, porque sin importar las circunstancias, Él siempre ha estado para nosotros. Por eso, las rutas de las Iglesias, los juegos de pascua con los niños, o disfrutar la fanesca con nuestra familia, son algunas de las formas tradicionales pero fundamentales de acercamiento. Porque a Jesús también hay que recordarlo con alegría.

 

Esta semana no sólo es un hecho histórico y  memorable, es un recordatorio de amor. Un amor que siempre estuvo ahí y siempre lo estará. Un amor que ha vivido siglos y siglos. Un amor que debería ser ejemplo y guía para cada uno de nosotros. Un amor que rompe barreras y crea puentes. Un amor que nos enseña que no hay límites cuando del corazón se trata. Un amor que inspira a los cristianos, e incluso a aquellos que no lo son.

 

El amor se ve reflejado en cada una de nuestras actividades diarias, desde nuestras relaciones interpersonales hasta nuestros pensamientos. Analizar y comprender lo que estamos haciendo para el bien de los demás puede llegar a ser un ejercicio realmente complicado, pero, ¿si nosotros no sabemos a dónde vamos, entonces quién? Y es que solo de esta manera podremos servir a nuestra comunidad, y comprometernos con ser la mejor versión que jamás se ha visto de nosotros mismos.

 

Por más obstáculos que se nos presenten, no debe faltar el perdón, la nobleza y la humildad en nuestro camino. La Semana Santa puede ser de matices, colores y cambios internos si nos lo proponemos, o puede ser una semana como cualquier otra; todo depende de qué tan comprometidos estemos con el impacto que puede tener la espiritualidad en nuestra vida. Si ponemos esto en práctica, nuestros corazones vivirán en un eterna Semana Santa.

 

¡Feliz Semana Santa! Reflexionemos y cultivemos nuestros corazones.

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